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6 Alimentos adictivos que llegan a enganchar como drogas

Hay personas  que no hacen más que luchar para perder peso e intentar controlar los antojos y las escapadas nocturnas a la nevera; hay comidas pesadas y ácidas que debes evitar por la noche, recurrentes en cualquier momento de gula o ansiedad. Pero  ver que ciertos elementos químicos contenidos en algunos alimentos -llamados endorfinas- pueden llegar a actuar como una droga adictiva, quizá sea más complicado, y conocerlos les ayude a definir otras estrategias más apropiadas para mejorar su salud sin que sea una batalla titánica para ellos.

Desde MásQueSalud queremos que conozcáis más sobre las endorfinas porque precisamente la que si lo sabe absolutamente todo de ellas es la industria agroalimentaria y especialmente las grandes empresas, generalmente multinacionales. Se sabe que casi la totalidad de ellas manipula directamente los ingredientes de sus productos e indirectamente su contenido en endorfinas con objeto de estimular el apetito del consumidor.

Con demasiada frecuencia los efectos de esta manipulación crean un círculo vicioso entre la sobrealimentación y sobrepeso, de rasgos bastante similares a una adicción. Este problema es particularmente grave en el mundo desarrollado, pero está apareciendo también en los países llamados emergentes con un consumo de alimentos procesados cada vez más fuerte. Y el sobrepeso, como es sabido, lleva encadenadas toda una serie de dolencias y enfermedades directamente relacionadas. El saber de qué alimentos en particular estamos hablando en este caso puede ayudarnos a detectar y controlar nuestra eventual sobrealimentación. Si eres de las personas enganchadas a la comida basura, el saber qué es lo que habitualmente contienen esas hamburguesas, pizzas y otras soluciones rápidas para saciar el apetito quizá te ayude a desengancharte.

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Alimentos adictivos

Productos lácteos

Lacteos

En ningún grupo de alimentos se ha estudiado en profundidad el efecto de unos elementos llamados opiáceos, presentes especialmente en la leche envasada y los quesos. Las proteínas de los productos lácteos, las caseínas, se transforman durante la digestión en unos elementos más pequeños, los péptidos. Y resulta que entre los péptidos existe también una familia de elementos químicos muy activos con el adictivo nombre de casomorfinas. Hay personas que debido a un consumo absolutamente excesivo se han vuelto literalmente adictas al queso, y los medicamentos utilizados para bloquear esta adicción son los mismos que se utilizan en los servicios hospitalarios de urgencias en casos de un ingreso por sobredosis.

En muchos países desarrollados y emergentes, especialmente aquellos sin una gran tradición quesera, se consume ahora 5 veces más queso y derivados que hace sólo unos años, frecuentemente mezclados con otros ingredientes de nuestra comida. A muchas personas que intentan pasarse a una dieta vegetariana lo que más les cuesta dejar, incluso más que la carne y productos cárnicos, son los quesos y los lácteos.

La carne

La sangre animal contenida en las carnes contiene albúminas, hemoglobinas y gamma globulinas. Pero todos estos elementos químicos naturales actúan como receptores de elementos opiáceos y además de forma muy activa. Unos estudios han demostrado que cuando se suministra uno de esos medicamentos bloqueadores de  la absorción de elementos opiáceos, el consumo espontáneo de carne de las personas estudiadas se reduce considerablemente: hasta un 10% en el caso del jamón, en un 25% en el caso de embutidos como la salami o incluso un 50% de atún.

Cereales y arroz

Los cereales contienen una proteína llamada generalmente gliadina que también actúa como los opiáceos. El arroz tiene su variante específica. Hay muchas personas, especialmente en países como el nuestro, que no pueden prescindir del pan en ninguno de sus formatos. Lo más probable es que hayan caído en el círculo vicioso del que hablábamos antes.

Azúcar y grasas

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En otoño pasado, los resultados de un estudio con ratas se hicieron virales en todo el mundo: las ratas que se utilizaron mostraban  una clara preferencia por las galletas marca Oreo, que fueron objeto del estudio precisamente porque tienen un contenido de azúcar y grasas muy alto. En las ratas, los efectos al ser alimentadas con estas galletas eran idénticos a los de otras ratas que recibían cocaína por medio de la comida. Quizás ahora mismo no se vea la relación. Pero pensemos simplemente en cuáles son los productos hoy en día que no contengan azúcares ni grasas, perjudiciales a la larga para la salud. Entre ellos se encuentran los productos de bollería y pastelería industriales que tanto consumimos.

Hace sólo una década, unos investigadores que estaban trabajando en otro estudio se encontraron ante un hecho sorprendente. Se suministraba un producto azucarado a bebés de solo 3 meses mirándoles firmemente a los ojos. Cuando más tarde un grupo de personas, incluidos los suministradores del producto, volvían a entrar en la sala, los bebés inmediatamente escaneaban el grupo y centraban su mirada únicamente en el “camello” que le suministró el azúcar, lo que demuestra que este tipo de adicciones alimentarias se pueden detectar, incluso a edades muy tempranas.

¿Qué podemos hacer individualmente?

  • Evitar las tentaciones. Acostumbrarnos a reducir las cantidades de alimentos, tanto para comidas como para snacks o tentempiés.
  • Reemplazar estos productos con alimentos estabilizadores de los niveles de azúcar en sangre, como las legumbres, las nueces y frutos secos, fruta fresca y cereales integrales
  • A los que les gustan los desayunos fuertes, empezar el día con un desayuno más saludable en base a  alimentos con bajo contenido en endorfinas.
  • Como ya dijo el experto Michael Pollan, para mantener una buena salud a lo largo del tiempo “hay que tomar los alimentos adecuados, mayormente de base vegetal y no comer mucha cantidad a lo largo del día”.

Una cierta cantidad de endorfinas son necesarias para la vida, pero no en la cantidad en la que las asimilamos en la actualidad. Una puesta de sol, esos momentos familiares tiernos y memorables, escuchar la música que a uno le relaja o los buenos ratos que nos pueden hacer pasar las mascotas, por ejemplo, además de suponer generalmente una óptima actividad física al aire libre,  también nos llevan al anhelado bienestar espiritual que se consigue con una alimentación sensata y adecuada. La ciencia ya ha demostrado que en el mismo instante en el que vivimos y sentimos unos placenteros momentos como estos o cualquier otro que nos proporcione mucha satisfacción, nuestro cerebro produce un determinado compuesto  llamado endorfina.

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