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Cómo superar una ruptura

Después de una ruptura lo que más nos cuesta aceptar es que la relación se ha terminado.  La separación nos deja con el corazón roto y muy enfadados, aunque no sepamos muy bien con quién o con qué.  Nos invade un sentimiento de abandono y de miedo a la soledad, a no encontrar nunca a esa persona con la que compartir nuestra vida. En el fondo, atravesamos un período de duelo por la muerte de una relación que creíamos iba a ser eterna, y tenemos que pasar por el proceso completo del luto al igual que sucede con la muerte de un ser querido.

Entendiendo mejor dicho proceso y conociendo las fases por las que pasaremos, nos será más fácil averiguar cómo superar la ruptura.

1. Negación: “Esto no está pasando”  

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Seguimos en estado de shock y mantenemos la esperanza de que esa persona nos llame. Nuestro corazón se niega a aceptar la verdad de los hechos. Te encuentras deshecho emocionalmente, confuso y con mucho miedo. En definitiva, creemos que lo que estamos viviendo no es real y nos negamos a aceptar la pérdida. Nos aferramos a la esperanza de la reconciliación –eso sí, tras aparecer esa persona envuelta en lágrimas y arrepentimiento, suplicando volver.

No nos damos cuenta que el negar el hecho de que nuestra relación se ha terminado de verdad no hace más que aplazar lo inevitable, dejándonos mientras tanto a la deriva en un estado de negación, aturdimiento y, sobre todo, profunda infelicidad.

2. Rabia: “Esto que ha pasado…. no me lo merecía”  

Solo empezamos a reaccionar cuando comienzan a pasar los efectos paralizadores de la negación inicial. Es cuando comienzan a surgir por un lado el dolor y, por otro, la rabia. Pero seguimos sin poder aceptar el hecho real de la pérdida de nuestra pareja. Nuestra rabia se concentra en él o ella y en su falta de empatía y sentimientos hacia nosotros, en su infidelidad o en su abuso. Intentas reprimir esa enorme rabia que ha surgido en ti, pero como ya no tienes al responsable de ella a mano para descargarla, proyectas tu agresividad hacia cualquier persona que se cruza en tu camino en un mal momento. Recuerda que la rabia es también una señal de la existencia de emociones contenidas.

3. La negociación: “Que pare este dolor”, “siento todo lo ocurrido”, “prometo hacerlo mejor”… 

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Pasamos a la siguiente fase, en la que regateas contigo mismo y en la que pides también a quien fue tu pareja que te vuelva a aceptar. Todo para seguir negando la cruda realidad de que la relación se ha acabado. Entramos de hecho en el punto irracional, puesto que nos responsabilizamos a nosotros mismos de todo lo sucedido y nos atormentamos con pensamientos del tipo “si hubiera hecho esto o dicho aquello” o “si hubiera hecho las cosas de manera diferente….”.

Esperamos que la suerte, el destino o el todopoderoso cambien nuestras circunstancias. Otras muchas creemos que puede surgir un milagro, un encuentro casual que nos ofrezca la oportunidad de explicarnos, o de suplicar. En cualquier caso, fantaseamos con que las cosas vuelvan a ser como lo fueron antes, ni más ni menos.

En casos extremos, pero cada vez más frecuentes, nos enfrentamos a una pareja de carácter claramente abusador, violento o emocionalmente irresponsable. Muchas veces, en esta fase hay individuos que bajan los estándares de protección y defensa hasta límites peligrosos, convenciéndonos a nosotros mismos de que aceptando menos, exigiendo menos e incluso tolerando esos comportamientos abusivos y despectivos, esa persona volverá a nosotros. No nos damos cuenta de la relación de dependencia en la que hemos caído.  Y lo peor es que en estos casos, tus intentos de cambiar ese estado de cosas con personas así son completamente inútiles y, en el fondo, lo sabes. Si decides rendirte, entrarás en una espiral de autodestrucción sin final en la que te deprimirás más y más con cada ruptura y pseudo-reconciliación.

4. Depresión: “Paso de todo, lo único que quiero es dormir y que me dejen en paz” 

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Una tristeza enorme, más sentimientos de culpa, temor y arrepentimiento forman parte de lo que podríamos llamar el “proceso de duelo”, la cuarta fase tras la ruptura de la pareja. Se tienen sentimientos de desesperación, vacío, ansiedad y, al mismo tiempo, se sufre una intensa soledad. Lloramos a menudo, de forma casi incontrolada. Incluso podemos llegar a perder peso y tener ataques de pánico o ansiedad extrema, sufrimos de insomnio y por ende, de una tremenda fatiga.

Esta fase es peligrosa porque muchas personas pueden tratar de evadirse de esa dolorosa realidad mediante el alcohol u otras sustancias. La mente se envuelve en una especie de niebla y el cuerpo se mueve a cámara lenta y todo nos impulsa a querer dormir más y más, a aislarnos de todo. Uno termina por no funcionar en el trabajo o en lo que tengamos que hacer en nuestro día a día y nos aislamos hasta de amistades y familiares en nuestro deseo de que nos dejen en paz.

En esta fase hay que tener especial cuidado de no caer en una depresión profunda, en la que nos seguimos echando la culpa de la ruptura con el añadido de que no vemos futuro sin nuestra pareja. En suma, creemos que no valemos nada y nos vemos sin medios ni futuro para nosotros mismos. Si llegamos a este punto, debemos buscar ayuda profesional pues es muy difícil salir de ese estado por cuenta propia y no encontrarás la solución a tus problemas en Internet.

5. Aceptación: “Duele, pero saldré de esta”

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Si conseguimos salir de la fase anterior sin caer en una situación extrema como la descrita previamente, lo normal es llegar a esta última fase de superación en la que básicamente conseguimos aceptar el hecho de que la relación ha terminado de forma definitiva, sin que ello suponga un problema en tu vida. Esto implica aceptar también las pérdidas colaterales: el amor, la seguridad y los planes de futuro con esa persona.

Puede que quizás tengamos todavía algún sentimiento de pena o incluso reproches, pero aceptamos ya la realidad de los hechos, lo que supone la base para recuperarte a ti mismo, retomar las riendas de tu propia vida y tu autonomía como individuo independiente.

6. Vuelve a la circulación: “Ahora toca disfrutar de otros planes B”

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Una vez superada la ruptura empezarás a ver la vida de otra forma, con más optimismo y, sobre todo, volverás a tener ganas de relacionarte emocional y/o sexualmente con otras personas.

Quizás aún necesites un chute de autoestima extra, que te aporte seguridad en ti mismo/a. Ese extra de energía sexual o de atracción puede conseguirse de muchas maneras, y desde aquí te recomendamos algunos productos que te ayudarán en esa tarea.

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