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¿Qué cuenta más, hacer ejercicio o dormir bien?

A estas alturas, todos sabemos ya que tanto hacer ejercicio como dormir bien son esenciales para mantener una buena salud. Pero muchas veces nos entra una duda: cuando no tenemos tiempo y/o estamos muy cansados, ¿vale la pena levantarse antes para hacer ejercicio y exprimir aún más nuestro cuerpo, ya de por sí bastante agitado a lo largo del día?

Seguramente estarás esperando un “no” como respuesta a la duda. Después de todo, a quién no le gustaría conseguir una horita extra en la cama por las mañanas, sobre hacer ejerciciotodo cuando no es precisamente verano y hace muchísimo frío a esa hora del día, está lloviendo o simplemente todavía está oscuro, lo que tampoco invita a salir a la calle a correr y hacer ejercicio.

Pero la respuesta no es tan simple. El hecho es que un sueño de calidad, junto con la práctica regular de ejercicio físico (más una alimentación equilibradaayudan al cuerpo a funcionar de manera óptima. El caso es que, todos los factores se alimentan y apoyan entre sí y si prescinde de forma habitual de uno de ellos a favor de alguno otro, los otros dos salen perdiendo y se resienten.

Desde MásqueSalud os proponemos algunos consejos para los que no podáis resistiros a priorizar la almohada por las mañanas:

1. Hacer deporte y dormir bien van de la mano

En ocasiones se hace por gusto, pero todos los que hacemos ejercicio de forma regular alguna vez hemos tenido que hacer deporte después de una noche larga y movida. Otra cosa es que a esas horas, se decida hacer todo el programa previsto o acortarlo para no alargar demasiado la sesión.

Algunos estudios sugieren que menos de 7 horas diarias de sueño pueden llevar a que se tengan que acortar las horas efectivas de ejercicio. No es de sorprender que llevar una vida durmiendo poco nos cause falta de motivación para mover el cuerpo o nos induzca a moverlo menos, no solo porque terminan por fallarnos las fuerzas. La falta de un descanso nocturno adecuado a la larga también lleva a percibir antes y más intensamente la sensación de fatiga.

¿Significa eso que dormir es más importante que hacer ejercicio? No exactamente. Porque una vez que se ha comenzado por acortar las sesiones, el sueño nocturno también comienza a resentirse. Llegados a este punto conviene decir que lo mejor es practicar el ejercicio físico con la luz del día, porque es lo que ayudará a dormir mejor por la noche.

2. En ocasiones hay que llegar a un compromiso

Las razones por las que los expertos recomiendan  para adultos una medida muy imprecisa de sueño al día –una escala que va de la 7 a las 9 horas-,  estriba en que no hay una tabla matemática que relacione medidas del cuerpo y horas de sueño aplicable a cualquier persona. Si durmiendo una media de 8 horas nos sentimos normalmente relajados y descansados, es que no hay razón para acortar nuestras sesiones de ejercicio físico para sacar una hora más de sueño.

Muchos de nosotros nos podemos levantar a veces medio “groggys” y nos cuesta arrancar. Si en éstos casos solo tenemos un cierto cansancio, no muy acusado,ejercicio por la mañana lo mejor es hacerle frente con el ejercicio por la mañana. Dormir ocasionalmente mal por la noche no mata a nadie y si seguimos nuestra rutina de ejercicio con normalidad, seguramente dormiremos mejor durante la noche siguiente y nos recuperaremos convenientemente. Lo mejor es acostumbrase a esta rutina y guardar esas “indulgencias” que nos podamos conceder para casos de verdadera necesidad.

Si haces ejercicio dentro de casa y tienes uno de esos días poco motivadores porque has pasado mala noche, prueba a salir de casa y sudar afuera. Exponerse a los primeros rayos solares ayuda a eliminar los niveles de melatonina, responsable de que tengamos sueño, por lo que al cabo de poco rato nos sentiremos con más energía. Hacer ejercicio por la mañana fuera de casa ayuda además a regular y equilibrar nuestros ciclos naturales de sueño-despertar, por lo que terminaremos durmiendo mucho más profundamente por la noche.

3. Siempre hay una excepción que confirma la regla

La regla general, por lo tanto, es la de seguir con el ejercicio con normalidad por las mañanas (o por las tardes, si nos va mejor), incluso cuando nos sintamos ligeramente cansados. Pero en caso de sentirse realmente fatigados la cosa cambia, porque en éste caso sí que es recomendable alargar el sueño. Hacer ejercicio, tanto dentro como fuera, estando verdaderamente cansados lo único que conseguirá es que terminemos por sentirnos débiles físicamente, con falta de energía y con los ciclos naturales aún en más desorden que antes. Estos períodos de profundo cansancio, que pueden tener múltiples causas, lo mejor es pasarlos con una cura de sueño para volver al ejercicio y/o al gimnasio una vez que hayamos vuelto a la normalidad.

4. Así que, ¿cuál es la solución a la duda?

No pasa nada por seguir nuestra tabla de ejercicios con normalidad aunque sintamos un cierto cansancio y prescindir de ella totalmente cuando nos sintamos profundamente cansados y fatigados. Lo que no hay que hacer en ningún caso es convertir estas soluciones y decisiones “ad hoc”, que dependen de determinadas circunstancias, en un hábito continuado. Si es necesario, antes que prescindir del ejercicio, es mejor consultar y analizar nuestra agenda de actividades diarias o nuestros hábitos para ver qué hacemos mal y corregir o cambiar lo necesario para evitar ese cansancio. Levantarse sintiéndose descansados pero no lo suficiente, nos indica con toda seguridad que deberíamos prescindir de algo –la televisión por ejemplo- y acostarnos antes de la hora habitual.

dormir bienSi nuestra agenda diaria realmente no permite ajustes, se puede pensar en acortar las sesiones de ejercicio pero hacerlas más intensas. Muchos expertos recomiendan sesiones más cortas en vez de pasarse horas en el gimnasio, con ejercicios fuertes a intervalos de 20-30 minutos, ya que suelen ser mucho más efectivas que sesiones más largas y relajadas.

Si estamos haciendo frente a una situación puntual que te impida descansar bien de noche, lo mejor es darnos un descanso con el ejercicio, que no deja de ser fundamental a la larga para un buen equilibrio entre los tres factores necesarios para el bienestar general.

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